Lucy Garatea tiene 105 años. No había salido nunca de su Lekeitio natal, cuando, con 15 años, su madre la envió a América. Cuesta imaginar el miedo, los nervios y la incertidumbre que acompañaron a esta joven en su viaje hacia un país del que desconocía absolutamente todo.
La historia de Lucy es la historia de miles de vascos que tuvieron que dejar su casa, su gente y aventurarse al otro lado del Atlántico en busca de un bienestar inalcanzable aquí. Hoy los vascos de Norteamérica son una comunidad fuerte y respetada; una comunidad orgullosa de su pasado, abierta, plural y plenamente integrada en ese gran mosaico de identidades que son los Estados Unidos.
Cuando muchos leáis estas líneas, estaré volando hacia Reno, en un viaje de una semana en el que recorreré buena parte del Oeste americano. Tendré la oportunidad de conocer a muchos de estos vasco-americanos y de participar en el Jaialdi, su gran fiesta quinquenal. Frente a la visión reduccionista que muchas veces tenemos desde la distancia, no es éste un mero encuentro folklórico, ni una colorida muestra de bailes y herri-kirolak. Es la proclamación de un sentir vasco-americano, que esa comunidad hace que siga vivo y por el los vascos de aquí que estamos en permanente deuda.
Pero no sólo estaremos en el Jaialdi. Al igual que hicimos en Brasil hace unos meses, quiero que este viaje sirva para afianzar y fortalecer lazos de unión del conjunto de Euskadi con los Estados Unidos. Espero que sea un viaje intenso y productivo.
Vamos a visitar empresas punteras como Google, el laboratorio SLAC y el Centro CARS de Volkswagen, donde podremos conocer los coches inteligentes del futuro. Vamos a estar las Universidades de Nevada, Berkeley, Stanford y Boise. Vamos a firmar convenios de interés para ambas partes. Vamos a estar con representantes políticos, económicos y sociales de ese país.
Y, por supuesto, voy a tener la oportunidad de conocer personalmente y hablar con Lucy. Nos vemos a la vuelta.




