Lo disfrazaron de encuentro de la familia cristiana pero no dejó de ser un mitin, o mejor dicho dos. Uno en contra del Gobierno Socialista y otro a favor de la candidatura de Rouco Varela de cara a la elección de Presidente de la Conferencia Episcopal, que tendrá lugar también en Marzo.
Mientras que el concepto de familia en todos los países occidentales está sujeto a una revisión porque, como decía Sáez de la Fuente, no puede venir impuesto por ninguna institución religiosa, ni tradición cultural, ni roles sociales predeterminados, sino que debe centrarse en la experiencia real de las personas que se trasmiten afecto, solidaridad y amor como miembros de una familia, lo que, es evidente, define en pleno siglo XXI diferentes tipos de familia, los obispos ayer no sólo defendieron una sola, la suya, sino que, en un alarde de tolerancia, atacaron a todas las demás.
Rouco Varela llegó a decir que este es un tiempo en el que “se relativiza radicalmente la idea del matrimonio y la familia y se fomentan, desde las edades más tempranas, prácticas y estilos de vida opuestos al valor del amor indisoluble entre un hombre y una mujer” Supongo que lo dirá siguiendo la doctrina sobre el acoso sexual del obispo de Tenerife que ya nos ha dicho que “hay menores que sí lo consienten, que están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Y si te descuidas te provocan”. ¿Será amor cristiano lo que predica? ¿No le vendrían bien unas cuantas clases de la educación para la ciudadanía que ustedes se quieren cargar, o es que se las quieren cargar por eso? ¿No tendrían que cesarlo para que les creamos, aunque sea un poquito? Pues no, porque seguro que también es culpa de las leyes que ha hecho este Gobierno.
Porque como dijo el Arzobispo de Madrid, “el ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece sobre la familia” ¿Sobre qué familia? ¿La de Néstor y Juan que llevan 28 años juntos y han criado a dos hijos magníficos y que no tenían reconocidos sus derechos hasta ahora que, por fin, se han podido casar? ¿La de Amaia, madre soltera, que ha tenido bastantes más dificultades que todos nosotros para sacar adelante, puedo decir: su familia? ¿Las que ha casado un alcalde? ¿Las parejas de hecho?¿La de Luis y Ane que no tienen papeles pero llevan 15 años repartiendo amor? ¿La de los que tienen otras religiones? ¿Son familias?
Seguramente no lo son y, junto con el Gobierno que les ha reconocido como tales, están condenadas al castigo eterno, lo mismo que castigaron a Galileo por decir que la Tierra no era plana, sino redonda.
Y lo malo de que sea redonda es que se mueve. Y se mueve a pesar de quienes quieren anclarnos en un pasado oscuro, en el que quieren dictarnos las normas por las que regirnos, las reglas para ser bueno o malo, las pautas inamovibles de comportamiento decente, quienes no han pasado ningún filtro democrático.
Estoy convencido de que hay miles y miles de católicos que no comparten los mensajes del doble mitin de ayer (sólo faltó pedir el voto para el PP y para Rouco). Conozco a un buen montón de socialistas que han llegado a serlo de la mano de valores cristianos que compartimos, ellos desde un punto de vista religioso y yo laico. Me quedo con el amor al prójimo-solidaridad, con la humildad, con el compromiso, con el coraje de su entrega, con la justicia social, que todos ellos manifiestan en su vida diaria. Y sólo puedo decir que no se merecen estos jefes.
