Hoy han citado en Konpondu un artículo que me ha recordado tu foro. Y me ha surgido una pregunta: ¿Es un “ejemplo democrático” (te parafraseo) condenar por colaboración con ETA a una persona como Mario Zubiaga que dice esto?: “Más allá del acercamiento ético, que nunca debe postergarse -cualquier objetivo legítimo no justifica cualquier sufrimiento injusto-, en las actuales circunstancias políticas la entrada en una nueva espiral de violencia tiene como consecuencia directa e indiscutible la desarticulación de los espacios soberanistas vascos. Esa misma espiral que presumiblemente debería hacer inevitable una reedición del proceso negociador es la que impide la acumulación de fuerzas imprescindible para que cualquier negociación no vuelva a fracasar. La contradicción interna del paradigma político-militar es insalvable”. Y sigue “Otro mecanismo claro y casi inevitable en los momentos de represión es el cierre de filas. Es en cierto modo lógico que en esta coyuntura el debate estratégico abertzale quede en suspenso. Pero en política la acción estratégica debe superar los automatismos y las justificaciones autoindulgentes en favor del cálculo de oportunidad y eficacia: ¿a quién beneficia cada decisión? ¿Qué modelo de acción es el más conveniente en esta coyuntura histórica?
Los movimientos sociales se debaten entre tres modelos de acción colectiva: la política de poder, la política de influencia y la de identidad. La izquierda abertzale ha priorizado desde su origen una política de poder alternativo al sistema -ese estado especular que diría mi amigo Letamendia- que le ha permitido sostener su posición anti-sistémica a lo largo de las últimas décadas. Esta política de poder, de naturaleza claramente vanguardista pero no exenta de vocación articulatoria -unidad popular-, está claramente en crisis.
Tras Lizarra y la exitosa extensión del marco discursivo autodeterminista, una política de poder entendida como articulación hegemónica alternativa sólo se puede llevar a cabo con un modelo de acumulación de fuerzas menos vanguardista, más horizontal, con liderazgos realmente compartidos. Ante el temor a perder el liderazgo -el monopolio del significante vacío «Euskal Herria»- y el terror a caer en la banalidad de la política de influencia y convertirse en un actor más en la política al uso -un interés particular entre otros, más o menos influyente, pero con las mismas armas inanes que los demás-, la izquierda abertzale está siendo tentada por la política de identidad: la reducción a una comunidad autocentrada de convencidos que no abandona sus señas de identidad históricas, pero renuncia de facto a la pretensión de configurar un proyecto hegemónico. Su incansable y valioso capital humano, su compromiso histórico con el país no merecen ese final”. ¿A quién se ha condenado con el beneplácito de tu partido? ¿A un colaborador con ETA que demuestra y argumenta el sinsentido de la violencia? Curiosa forma de colaboración. Curioso silencio. Vas a esperar a que el Supremo le confirme la sentencia a Mario, Sabino, etc…?
Buffffff….qué quieres que te diga…
Telebasura, no, Patxi. Eso si que no. No cuelgues TELEBASURA
Hoy han citado en Konpondu un artículo que me ha recordado tu foro. Y me ha surgido una pregunta: ¿Es un “ejemplo democrático” (te parafraseo) condenar por colaboración con ETA a una persona como Mario Zubiaga que dice esto?: “Más allá del acercamiento ético, que nunca debe postergarse -cualquier objetivo legítimo no justifica cualquier sufrimiento injusto-, en las actuales circunstancias políticas la entrada en una nueva espiral de violencia tiene como consecuencia directa e indiscutible la desarticulación de los espacios soberanistas vascos. Esa misma espiral que presumiblemente debería hacer inevitable una reedición del proceso negociador es la que impide la acumulación de fuerzas imprescindible para que cualquier negociación no vuelva a fracasar. La contradicción interna del paradigma político-militar es insalvable”. Y sigue “Otro mecanismo claro y casi inevitable en los momentos de represión es el cierre de filas. Es en cierto modo lógico que en esta coyuntura el debate estratégico abertzale quede en suspenso. Pero en política la acción estratégica debe superar los automatismos y las justificaciones autoindulgentes en favor del cálculo de oportunidad y eficacia: ¿a quién beneficia cada decisión? ¿Qué modelo de acción es el más conveniente en esta coyuntura histórica?
Los movimientos sociales se debaten entre tres modelos de acción colectiva: la política de poder, la política de influencia y la de identidad. La izquierda abertzale ha priorizado desde su origen una política de poder alternativo al sistema -ese estado especular que diría mi amigo Letamendia- que le ha permitido sostener su posición anti-sistémica a lo largo de las últimas décadas. Esta política de poder, de naturaleza claramente vanguardista pero no exenta de vocación articulatoria -unidad popular-, está claramente en crisis.
Tras Lizarra y la exitosa extensión del marco discursivo autodeterminista, una política de poder entendida como articulación hegemónica alternativa sólo se puede llevar a cabo con un modelo de acumulación de fuerzas menos vanguardista, más horizontal, con liderazgos realmente compartidos. Ante el temor a perder el liderazgo -el monopolio del significante vacío «Euskal Herria»- y el terror a caer en la banalidad de la política de influencia y convertirse en un actor más en la política al uso -un interés particular entre otros, más o menos influyente, pero con las mismas armas inanes que los demás-, la izquierda abertzale está siendo tentada por la política de identidad: la reducción a una comunidad autocentrada de convencidos que no abandona sus señas de identidad históricas, pero renuncia de facto a la pretensión de configurar un proyecto hegemónico. Su incansable y valioso capital humano, su compromiso histórico con el país no merecen ese final”. ¿A quién se ha condenado con el beneplácito de tu partido? ¿A un colaborador con ETA que demuestra y argumenta el sinsentido de la violencia? Curiosa forma de colaboración. Curioso silencio. Vas a esperar a que el Supremo le confirme la sentencia a Mario, Sabino, etc…?