Ayer en Arrasate-Mondragón tuvo lugar un espectáculo poco edificante. Donde la actitud irresponsable de algunos partidos hizo que se convirtiera en un día triste para la sociedad vasca.
Porque cuando una moción pretende que todos los representantes institucionales de un Ayuntamiento respeten los Derechos Humanos y rechacen la violencia que ha llevado al asesinato de uno de sus vecinos, y que si no dimitan. Estamos hablando de una cuestión de principios. De algo que tiene que ver con la ética política y con la pedagogía democrática y que, por lo tanto, es una cuestión que está por encima de las conveniencias particulares de cualquiera de nosotros.
Sin embargo, ayer hemos visto como, para algunos partidos políticos, los principios, la ética y la pedagogía son algo secundario y en subasta permanente.
A partir de hoy mismo comienza la recogida de las firmas necesarias para formalizar esta Moción de Censura. Para que una Alcaldesa indigna, como la de Mondragón, no siga al frente del Ayuntamiento, como es el deseo de la inmensa mayoría de la sociedad vasca.
Cada uno de los partidos democráticos tendrá que retratarse, firmando o no esta moción. Y no caben medias tintas, sólo cabe estar a la altura de las circunstancias y recuperar la dignidad democrática, que nos exige la sociedad vasca, y que ayer algunos no supieron tener.







