Cuantos más detalles conocemos de lo que pretendía hacer el Comando Bizkaia más contentos podemos sentirnos porque su detención ha evitado tremendas barbaridades y, a la vez, más espantados por la sinrazón criminal que anida en una banda terrorista que ha hecho del asesinato más vil su única razón de ser y de existir.
No hay nada más detrás de ETA. ¿Qué patria se defiende secuestrando y asesinando a un concejal socialista? ¿qué Euskalherria se construye matando a un senador popular? ¿cuáles son las esencias vascas que se ensalzan al volar una patrulla de la ertzaintza? o ¿qué sociedad vasca se pretende erigir sobre la muerte de un juez de la Audiencia Nacional?… ¿Qué se puede hablar con quienes rechazaron el valor de la democracia y hacen del lenguaje de las bombas y las pistolas la herramienta de “su diálogo”?
No son nada. Ni representan a Euskadi ni a la sociedad vasca ni a nadie que merezca la pena ser tenido en cuenta. Sólo merecen desprecio y no esperar a que desaparezcan, sino luchar para acabar con quienes llevan 40 años impidiéndonos ser libres. Por eso hay que estar con el Estado de Derecho, con los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, con la justicia, con la colaboración internacional y apostar por el rechazo social y la deslegitimación política y social de estos asesinos.
Y, por eso, hoy más que nunca, hay que estar con los amenazados: con Ramón Rabanera, con Grande Marlasca, con la Ertzaintza y con Benjamín Atutxa, que son los que con su testimonio y su fortaleza, con su entrega y su coraje cívico, nos dignifican a todos como sociedad vasca.
Yo sí he hablado con Benjamín y reconozco que cuando el teléfono daba la señal de llamada tenía un nudo en el estómago y pensaba ¿qué puedo decirle? ¿cómo se le puede transmitir a un hombre en sus circunstancias, agradecimiento y, a la vez, ánimo para seguir luchando? ¿qué pensará su framilia que nada tiene que ver con esto?
¿Benja cómo estás?… Muy bien, aquí en el caserio, cuidando al padre.
No hizo falta más. Ahí había un hombre entero, dispuesto a seguir defendiendo en Euskadi los valores que dignifican la condición humana. Ahí estaba el ejemplo de cientos de hombres y mujeres que día a día en el País Vasco son capaces de enfrentarse a las circunstancias más difíciles para luchar por la Libertad. No piden nada y lo dan todo. Sólo pude sentirme orgulloso de ser el Secretario General de los Socialistas Vascos y de poder representar a buena parte de estas personas. Colgué y tenía otro nudo en el estomago: el de la emoción y la rabia de que haya gente que todavía no se de cuenta de la grandeza que hay en la mayor parte de los hombres y mujeres de este país, que saben sufrir y saben soñar y que renuncian a su libertad por conseguir la de todos.
Me quedo con todos ellos, con la buena gente. Los demás que examinen sus conciencias y que, de vez en cuando, levanten el telefono.










