Es para mí un verdadero placer recomendaros el libro de Jesús Egiguren, no sólo porque más que un compañero es un amigo, no sólo porque me ha dicho que si vende muchos me paga una comida, sino porque, cada vez que escribe, (y lo hace de una manera muy sencilla, muy cercana, muy fácil de entender) se aprende algo o mucho.

Porque su intención, (aunque sea como en este caso con una tesis doctoral que rememora acontecimientos importantes de nuestro pasado), es arrojar luz sobre nuestro presente y apuntar posibles respuestas a nuestro futuro. Siempre con la voluntad de aportar propuestas que puedan servir para que los vascos y las vascas nos entendamos y seamos, desde ese entendimiento, capaces de resolver nuestros problemas pendientes.
Por eso, ya de entrada, este es un libro en positivo. Una tesis que se aleja del victimismo y la confrontación que tanto les gusta a algunos en este país y que, por el contrario, busca el acuerdo y el arreglo como hacemos siempre los Socialistas.
Veréis, el pasado sábado celebrábamos el vigésimo noveno aniversario de la aprobación mediante referéndum de ese gran pacto para la convivencia que es el Estatuto de Gernika.
Apenas un año antes, en 1978, España había iniciado su andadura democrática con la aprobación de la Constitución. Una Norma Fundamental que propugnó como valores superiores la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
Una Constitución que garantizaba la España plural y diversa con el reconocimiento de lo que se ha venido en llamar el “Estado de las autonomías”. Una garantía, que en el caso de Euskadi y Navarra, se reforzó sustancialmente al establecerse en la Disposición Adicional primera, la cláusula Foral de amparo y respeto a los Derechos Históricos.
La Disposición Adicional primera de la Constitución tuvo el gran acierto de conjugar en el plano jurídico y político la pacífica convivencia entre los principios democráticos instaurados por la Norma Fundamental y la tradición foral de las provincias vascas y de Navarra, previa actualización de sus instituciones y regímenes privativos en el marco de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía.
Pues bien, el libro que hoy os recomiendo “El arreglo vasco, Fueros, Constitución y Política en los siglos XIX y XX” analiza, con el rigor intelectual que caracteriza a Jesús Egiguren, una etapa histórica convulsa, pero también apasionante para España y para el País Vasco, tomando como referencia dos importantes Leyes, la de 29 de octubre de 1839 y la de 21 de julio de 1876, surgidas ambas tras la finalización de la primera y segunda Guerra Carlista respectivamente.
Jesús, para elaborar este trabajo, que como digo, constituye su tesis doctoral, ha acudido a la fuente parlamentaria directa, a los diarios de sesiones de las Cámaras Legislativas para establecer la “voluntas legislatoris”, es decir la voluntad de aquellos hombres del siglo XIX que debatieron con pasión ambos textos legislativos.
En su tesis Eguiguren rompe un tópico del nacionalismo vasco que ha perdurado hasta nuestros días –la semana pasada sin ir más lejos lo repetía Joseba Egibar en un foro universitario en San Sebastián- que no es otro que el permanente victimismo, que ha conseguido manipular hasta los propios títulos de las normas jurídicas, denominando “abolitoria” una ley, como la de 1839, que era precisamente “confirmatoria de los fueros” en el marco de los principios liberales, dando así cumplimiento a los compromisos adquiridos por Espartero en los campos de Bergara, en aquel saludo histórico que puso fin a la primera carlistada.
Jesús Eguiguren demuestra el gran consenso conseguido en las Cortes Españolas en torno al encaje entre los Fueros Vascongados y la Constitución, en la Ley de 1839, un consenso que se irradió también a las Provincias Forales donde fue acogida con gran satisfacción.
Como recuerda Jesús, en todas partes, y organizados fundamentalmente por las instituciones forales, tuvieron lugar actos y celebraciones, llegándose incluso a erigir monumentos para conmemorar ese acontecimiento.
Importante también, desde el punto de vista político, es el surgimiento del fuerismo liberal, es decir aquella doctrina que intentaba hacer compatibles las particularidades forales con los principios constitucionales, y la construcción de la teoría pactista como fundamento de las relaciones entre los Territorios Forales y el Gobierno de la Nación.
A pesar del tiempo transcurrido, ese debate se está produciendo hoy en día entre quienes defendemos la plena compatibilidad entre la Constitución española y el Autogobierno vasco y quienes han apostado claramente por la vía soberanista, de ruptura con el ordenamiento constitucional, como solución unilateral al que denominan ‘conflicto vasco’, teniendo como telón de fondo la violencia terrorista de ETA.
En el libro de Jesús se contienen algunas claves para alcanzar ese arreglo posible que compagine las amplias aspiraciones de autogobierno de la sociedad vasca con la Constitución de 1978.
Para ello, es sugerente en la formulación de su teoría pactista dirigida a conseguir “el arreglo”, la remisión a la clausula Foral de amparo y respeto a los derechos históricos.
Quiero aludir a uno de los momentos que contiene su libro y que me parece de un valor simbólico muy importante; me estoy refiriendo al debate final en la Cámara Baja entre el Ministro de la Guerra del Gobierno Progresista y el Diputado Moderado Salustiano de Olózaga.
Tras un durísimo debate parlamentario en el que se cruzaron duros reproches, intervino el Ministro y, según cuentan, sus palabras surtieron un efecto inmediato.
Entonces, el Ministro de la Guerra se levantó de su asiento y se fue hacia el Sr. Olózaga, este a su vez salió a encontrar al Ministro y después de un efusivo abrazo, el Ministro repitió varias veces: “éste es el abrazo de Bergara”. Finalmente, se procedió a votar y de 123 diputados presentes hubo 123 votos a favor de la Ley Confirmatoria.
Y con esta imagen quiero terminar, con ese abrazo entre dos rivales políticos y con esa unidad entre gobierno y oposición en el Parlamento. Porque, estoy convencido de que con unidad, con firmeza democrática y con el Estado de Derecho desarrollando todas sus potencialidades lograremos por fin en Euskadi la paz y la libertad que tanta falta nos hacen.








Hola:
¿Y la ley de 1876? Porque por muy bella que sea la estampa que describes y con la que acabas, la historia no acaba ahí.
La ley de 1839, contiene un artículo en el que se reservaba el derecho de modificar los fueros lo que hiciese necesario para acomodarlos a la unidad constitucional, y que fue lo que dió pie a esa otra ley de 1876 de la que parece que te has olvidado hablar y en la que los fueron son derogados definitivamente.
Puedes utilizar todos los eufemismos que quieras, “confirmatoria de los fueros en el marco de los principios liberales”, u otro cualquiera. Pero de aquellas leyes emana la misma voluntad centralizadora que muestran tanto el PSOE como el PP hoy en día.
Tampoco me sirve que pongas como ejemplo de consenso esa ley, cuando, y perdona que insista tantas veces en este punto pero es que resulta sangrante, en casi 30 años no habéis mostrado el menor interés en completar el Estatuto de Gernika, que según tus propias palabras es un marco de convivencia democrática válido. Y no lo habéis hecho única y exclusivamente por falta de voluntad política. Es decir, lisa y llanamente porque no os da la gana.
Este hecho demuestra un nulo interés por parte de los socialistas en los derechos históricos del pueblo vasco, así que cuando menos me resulta hilarante que se diga que el obstáculo para explorar las posibilidades de autogobierno que ofrece la Disposición Adicional Primera de la Constitución sea “el nacionalismo vasco”, y no vuestro partido, el PSOE.
Un saludo.
Escrito por Aitor el 27 de Octubre de 2008