Cumbre del clima

Si Kioto supuso un punto de partida en la configuración de acuerdos de carácter internacional para pasar de una economía soportada en el consumo de hidrocarburos a un estadio tecnológico de baja emisión de carbono, la conferencia sobre el cambio climático que la ONU clausura hoy en Polonia, nos sitúa ante el reto de reconfigurar el conjunto de nuestro chasis industrial y energético para que las emisiones de CO2 en el año 2020 sean inferiores a las realizadas en 1990.
Esto, que dicho resulta sencillo, supone enfrentarnos a un problema de una dimensión y de una complejidad enorme, que nos va a exigir a los vascos realizar un gran esfuerzo de gestión de nuestras dos principales materias primas: el conocimiento y la innovación. En este proceso de desarrollar un nuevo soporte tecnológico para el conjunto del tejido industrial, aquellos países o regiones que no sepan acompasarse al ritmo de desarrollo tecnológico perderán el tren de la competitividad y serán firmes candidatos al declive económico.
Es por ello que la difícil coyuntura actual, caracterizada por la superposición de dos crisis, la climática y la económica, la hemos de gestionar sobreponiéndonos al vértigo que producen los principales indicadores económicos y los niveles de desempleo. Las decisiones que ahora tomemos van a condicionar nuestra competitividad regional en las próximas décadas. Siendo cierto que existen importantes incertidumbres económicas, ─por ejemplo, cuánto tiempo se va a mantener el petróleo en los precios actuales o cuál puede ser la auténtica dimensión de la crisis─, no podemos bloquearnos y dejar de tomar las decisiones estratégicas necesarias para abordar la resolución de la crisis económica sin condicionar, o posponer, los esfuerzos en investigación e innovación que nos posibilitan desarrollar tecnología de baja emisión de carbono, es decir, invertir en futuro haciendo de nuestros problemas oportunidad de desarrollo y de mejora de nuestra competitividad.
En Euskadi tenemos empresas, como Iberdrola y Gamesa, líderes mundiales en energías renovables. Ahora más que nunca necesitamos de la tenacidad en el esfuerzo y de la innovación inteligente, que siempre nos ha caracterizado a los vascos, para poder afrontar el reto de la transformación tecnológica con los países y las regiones que, liderando el desarrollo, son un referente de progreso y calidad de vida. Ahora es el momento de evidenciar y poner en valor las capacidades de nuestros líderes económicos, sociales e institucionales; liderazgos que tienen ante sí la importante responsabilidad de visionar y configurar el país de nuestros hijos.

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