Un día. Ése es el tiempo que ETA nos ha dejado para intentar digerir su último atentado, antes de volver a cometer otra barbaridad y acabar con la vida, esta vez sí, de dos agentes de la Guardia Civil.
Mientras me preparo para viajar a Mallorca para acudir a la capilla ardiente y a los actos de repulsa por este crimen y mostrar así mi apoyo y solidaridad a los familiares y allegados de las víctimas, aprovecho para condenar el brutal atentado con el que los etarras han querido celebrar su cincuenta aniversario y hago mía la declaración realizada por el Gobierno Vasco.
Quiero, antes de nada, expresar mi cercanía a la Guardia Civil que, una vez más, se ha convertido en objetivo de los terroristas. Extiendo este cálido abrazo al conjunto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y a la Ertzaintza que diariamente luchan por garantizar nuestro bienestar y seguridad y que, por eso mismo, suponen una amenaza para quienes sólo creen en la violencia y la coacción. Estamos con vosotros. Todos somos uno.
No vamos a cejar en nuestro empeño hasta ver a los responsables de este asesinato y a todos los miembros de ETA entre rejas. No va a haber espacio para la impunidad. Vamos a aplicar todos los instrumentos del Estado de Derecho para acabar con ellos y lograr por fin la ansiada paz en esta tierra. Son capaces de hacernos daño. Hoy lo han demostrado, ensombreciendo un plácido verano con muerte y dolor. Que se preparen ahora para el más frío invierno de sus días.
Por último, hago un llamamiento a la unidad de todos los partidos democráticos y emplazo a la ciudadanía a participar en los diferentes actos de condena que en los próximos días se celebrarán en distintos puntos de nuestra geografía.







