Cuenta Eduardo Galeano que Zeus castigó a Prometeo por robar para los humanos el fuego de los dioses, encadenándolo a una roca, donde un buitre le comía el hígado cada día. Y que, por si fuera poco ese suplicio, el mandamás del Olimpo, creó a la primera mujer y la envió a la Tierra de regalo.
Se llamaba Pandora y llegó con una caja en la que estaban guardadas todas las desgracias. Zeus le prohibió abrirla, pero nada más llegar a la Tierra, no pudo reprimir la tentación y la destapó. Las plagas se echaron a volar y la muerte, la vejez, la enfermedad y la guerra llegaron al mundo.
Cuenta Galeano que este episodio describe la fundación del machismo. La historia, por mítica que sea, no deja de recoger el origen de muchos de los prejuicios y estereotipos sexistas sobre los que se cimienta la sociedad actual. Es la mujer la culpable de todos los males y, por eso, muchos hombres encuentran motivos para atentar contra ella.
Mañana es el Día Internacional de la Violencia Contra las Mujeres y, coincidiendo con esa fecha, la Dirección de Atención a las Víctimas de Violencia de Género del Gobierno Vasco, Emakunde y los ayuntamientos vascos a través de Eudel han puesto en marcha la campaña “Beldur barik” a la que me sumo desde este blog.
No tengo ninguna duda de que la violencia de género es un problema que se ha de combatir aplicando la justicia con firmeza, pero también extendiendo criterios de igualdad entre la ciudadanía y arrancando todo atisbo de machismo aún enraizado en nuestra sociedad. Creo que cuando se agrede a una mujer, se la priva de su derecho a la dignidad y a la seguridad como ciudadanas. Es entonces cuando los ataques se convierten en un problema del conjunto de la sociedad y no de las víctimas concretas. La violencia de género no es un problema de las mujeres maltratadas o asesinadas: no. Ellas son las víctimas, pero el problema es nuestro. Es un problema de la sociedad vasca. Por eso creamos la Dirección de Atención a las Víctimas de Violencia de Género, porque estamos convenidos de que la violencia contra las mujeres tiene suficiente entidad como para ser considerada otra forma de terrorismo. Y por eso hemos situado la lucha contra esta lacra social como un objetivo prioritario en los próximos años.
Lo que no cuenta Galeano en su relato es que de aquella caja no salió la esperanza, que yacía confundida en el fondo. Y que gracias a que Pandora se apresuró a cerrar la caja, hoy podemos aferrarnos a la esperanza, porque ésta nunca nos dejará por muchos males que nos acechen. Y que a esa esperanza nos agarramos también para conseguir, algún día, eliminar todo signo de discriminación en nuestra sociedad y acabar con esa otra plaga que es la violencia de género.









