El fotógrafo y escritor Willy Uribe lleva tiempo recogiendo con su cámara los lugares en los que ETA ha asesinado a sus víctimas. Cuando escribo estas líneas, todavía no ha publicado la dedicada a Fernando Buesa y Jorge Díez, porque no es hasta mañana cuando se cumple el décimo aniversario de este crimen. Pese a ello, hoy hemos celebrado en Vitoria, como también hicimos el miércoles, un merecido homenaje a un personaje fundamental de la historia reciente del País Vasco, cuya vida fue arrebatada por quienes sólo creen en la violencia.
El asesinato de Fernando y Jorge Díez fue uno de estos acontecimientos que despertaron a la sociedad vasca. Como antes lo fueron los de Gregorio Ordóñez, Miguel Angel Blanco. Como después lo fueron Joseba Pagaza, Isaías Carrasco o, más recientemente, Eduardo Puelles. Asesinatos que azotaron nuestras conciencias porque evidenciaron como nunca la irracionalidad y la crueldad de los etarras. Que nos obligaron a no permanecer impasibles y avanzar, de este modo, a la progresiva marginación y debilidad de los violentos.
Fernando fue un hombre excepcional. Una mente privilegiada, cuya trayectoria profesional está ligada a los años de mayor desarrollo de Euskadi. Que puso los cimientos de nuestro sistema educativo y de la modernización de las ikastolas. Artífice y protagonista principal de los mejores años de entendimiento entre las distintas sensibilidades de este país.
También de los más peligrosos para proclamarse no nacionalista en Euskadi. Fernando fue un líder necesario en tiempos duros. Consciente de su condición de amenazado, no se amilanó, apretó los puños y dirigió a un partido y a una sociedad hacia su rearme moral y progresivo arrinconamiento de esa minoría, cada vez menor, que sigue amparando y justificando los asesinatos.
Un hombre íntegro y coherente. Os invito a repasar la página de la Fundación Fernando Buesa, un foro de reflexión y encuentro que cuenta con un rico archivo documental. Allí se puede encontrar una de las últimas intervenciones de Fernando, en la que abogaba por “formar gobiernos constitucionales y estatuarios en Euskadi, alejados de toda veleidad independentista y que, desde esta posición constitucional y estatutaria” se dedicasen a “construir país, convivencia, en paz y libertad, respeto por el pluralismo social y cultura”. “Construir un país para todos –decía-, en el que los sentimientos de identidad nacional o cultural no resulten categorías políticas, porque todos pueden expresar los suyos con libertad”.
Estas palabras de Fernando resuenan todavía en nuestros corazones diez años después, cuando, por fin, hay en Euskadi un Gobierno que ha dejado atrás la política de trincheras y enfrentamientos de los últimos tiempos. Cuando hay un Gobierno en Euskadi que tiene aquellos anhelos de Fernando como principios fundacionales.
Que cree en el pluralismo de la sociedad vasca, no como una mera cuestión de respeto al diferente, sino como parte del convencimiento claro de que sin el entendimiento entre las diferentes sensibilidades de este país, sin la defensa a la miles de identidades particulares y colectivas que nos conforman, ni hay libertad, ni hay país.
Un gran abrazo a todos los que le conocieron y quisieron. Y a todos los que tienen un familiar o ser querido asesinado, amenazado, acosado, señalado, extorsionado o exiliado.
Escrito por bilbotarra el 22 de Febrero de 2010