Tenemos este año un agosto lleno de tormentas. Cada mañana nos encontramos con una sorpresa y, desgraciadamente, no muy agradable.
En Siria sigue la lenta matanza de civiles por el ejército. Y me acuerdo de que el año 82, en la ciudad de Hama, el padre del actual dictador realizó una matanza de 30.000 personas. Y cada vez que leo estas noticias de masacres pienso que el Tribunal Penal Internacional deberia actuar con mayor determinación y contundencia.
A primeros de mes comprobamos la irresponsabilidad de la ultraderecha americana a la que no le importa arruinar el país y la economía mundial con tal de salirse con la suya. Especialmente incomprensible es la defensa ultramontana para que los más ricos no paguen impuestos y la obsesión en desmontar los servicios públicos.
Y aquí, en Europa, los mercados, que es la forma amable de llamar a los especuladores sin alma, han entrado en una orgía: atacan, uno tras otro, saqueándolos, a los países europeos. Y está cada vez más clara la renuncia de la política (de la política actual) para gobernar y defender los intereses de la ciudadanía. El anuncio de la compra de deuda española e italiana por el BCE – tarde, muy tarde- ha amortiguado un poco la prima de riesgo. ¿Hasta cuándo? Porque parece que nada de lo que se hace es suficiente para los mercados. Más bien lo interpretan como una muestra de debilidad de la política para seguir atacando.
Estamos viviendo la debilidad de la política en Europa. Una debilidad que está poniendo en riesgo los servicios públicos y las políticas sociales que tanto nos costaron poner en pie y, también, la propia Unión Europea en la que cada uno piensa exclusivamente en sí mismo, sin entender que nadie se salvará de manera aislada. Y esto está creando un malestar generalizado en la ciudadanía de todos los países; porque no se ve que el futuro ofrezca una salida razonable para los millones de europeos que están quedándose fuera del progreso.
Estos días arde Londres y otras ciudades inglesas. Este estallido violento no es la solución a los problemas, pero es expresión de un malestar que no encuentra cauce en la política.
Tengo la impresión de que este año estamos iniciando, de verdad, un nuevo siglo. Un siglo de un mundo peligroso y acelerado. Un nuevo siglo en el que debemos adoptar decisiones audaces y arriesgadas si queremos que no se desmorone todo.
Es la hora de la política en Europa. Es la hora de plantearnos un gobierno real europeo y abandonar los egoísmos nacionales que no benefician a nadie, ni siquiera a los países que creen salvarse. ¡Qué diferencia entre Helmut Kohl y Angela Merkel o Francois Mitterrand y Nicolas Sarkozy!
Tenemos que embridar el caos de la economía desde gobiernos democráticos fuertes. La ciudadanía sólo tiene a sus gobiernos para defenderse: más Euskadi, más España y más Europa es la solución. No son contradictorios. Nunca la ciudadanía ha tenido tanta necesidad de amparo frente al caos económico. Cada gobierno debe asumir su papel. Nosotros en Euskadi debemos encontrar la forma de unir voluntades y esfuerzos para progresar y para que no queden colectivos enteros en la cuneta de la marginación. España debe alzar la voz con más decisión en Europa. Somos europeos y queremos un gobierno europeo fuerte y democrático, capaz de adoptar decisiones que puedan condicionar y poner límites a los desmanes de un mercado sin control.
Termino con una reflexión de casa: más bien con una decepción. A la izquierda abertzale se le han subido los votos a la cabeza y está adoptando una posición arrogante frente a las víctimas de ETA. Parece que no han sabido entender que las instituciones democráticas les han brindado una oportunidad para integrarse en la democracia y no para tener poder para el escarnio ajeno.
Soy firme defensor de la concordia entre la ciudadanía vasca. De la necesidad de superar el ciclo terrorista en Euskadi. Pero ese camino sólo lo podemos recorrer juntos y por la senda de la tolerancia y aceptación de los valores democráticos. Y el reconocimiento de las víctimas de ETA y el dolor generado es el requisito primero para iniciar este camino.
No podemos resignarnos a renunciar a la construcción de una sociedad libre y tolerante en Euskadi.
La izquierda abertzale debe reconocer a las víctimas de ETA y pedir ya la desaparición definitiva de la banda terrorista para ser considerados demócratas entre demócratas. Sin ambigüedades, sin subterfugios y sin dilación.
Yo se lo recordaré todos los días.

Me alegro de que los vascos que se sientan españoles puedan celebrar las victorias de España, la normalizacion del conflicto en el pais vasco no a hecho nada mas que empezar, ahora toca mirar al 60% de la sociedad vasca que no se siente española y que quieren ver a la selección vasca jugar competiciones oficiales, mientras la selección vasca no sea oficial no podremos hablar de normalizacion
Nunca han tenido problemas para celebrar en Euskadi los triunfos de LA ROJA los nacionalistas españoles.
Los problemas tenemos los que no podemos aplaudir a nuestras selecciones, de futbol, pelota, etc…, simplemente porque al Imperio no le conviene.
Hola Lehendakari, me conoce por algunos e-mail que hemos cruzado. Mi comentario se reduce a mi malestar por la soledad en la que se encuentra nuestro candidato Rubalcaba por parte del partido. Se rebaten algunas de sus propuestas y ahora se le ignora en cuanto al diálogo mantenido entre Zapatero y Rajoy sobre el límite del déficit. No se le ha informado o contado con su opinión para nada. Sencillamente se le ha dado el tema hecho…y creo por algunas palabras que él no estaba muy de acuerdo. No le ha quedado más remedio que asentir ante los hechos aprobados. Compruebo con pena que el Psoe ya ha tirado la toalla y que algunos se buscan la vida fuera del partido, bien porque están quemados o influenciados por el veneno que lanza la oposición. Rajoy ya habla como si fuera ya el Presidente y ningunea al mismo, exigiéndole se le consulte sobre lo que se decida, en un tono de prepotencia insoportable. Claro que esto lo hace porque se le permite. No lo aguanto.
Un abrazo de “la rebelde pensionista” que aquí sigue.