Un nuevo relato para el PSOE

Se suceden en las últimas semanas artículos, comunicados y entrevistas de destacados dirigentes socialistas, así como de anónimos militantes, en torno al inminente Congreso del PSOE. Es, de alguna manera, la demostración de que, tras la debacle del 20-N, el partido ha asumido con nuevos bríos el reto de afrontar su renovación. Y esto es algo, en sí mismo, positivo, por lo que tiene de reactivación de un espíritu y de una vocación que habíamos perdido en los últimos años y porque evidencia que, lejos de habernos paralizado por unos resultados adversos, estamos dispuestos a repensarnos para volver a ser el gran instrumento progresista de transformación, puesto al servicio de la sociedad española.

Y para ello necesitamos dejar a un lado el socorrido debate de los nombres y reflexionar sobre el partido que somos y que deberíamos ser en los próximos años.

Cuesta creer que en el Congreso de febrero seamos capaces de acordar todo un nuevo proyecto para el socialismo, pero sería un error limitar su alcance a un cambio de caras sobre la base de un documento ideológico generalista. Nuestro objetivo, el del conjunto de la militancia socialista, debiera ser plantear un programa y un método de trabajo sobre el que ir desarrollando la renovación del PSOE. No podemos pretender encontrar todas las soluciones en tres semanas, pero sí, al menos, definir acertadamente los problemas y las preguntas a las que estamos obligados a dar respuesta.

La socialdemocracia ha sido la gran fuerza transformadora de España y de Europa a partir de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, como de forma machacona repetimos todos y todas ahora, hemos perdido la capacidad de explicar el mundo desde nuestros planteamientos de izquierdas. En palabras de Tony Judt, “simplemente ya no sabemos cómo hablar de todo esto”.

Acomodados en el éxito del Estado de Bienestar, mientras el neoliberalismo iba construyendo, sin traba alguna, su propia visión del mundo, la socialdemocracia ha abandonado el relato de la vida y del futuro a favor de la mera gestión de los servicios. Hemos convertido la política en la administración de las cosas, en vez de en la defensa de unos ideales que tienen en la gestión de la cosa pública una herramienta para acercarse a ellos. Y por ello nos toca, en primer lugar, reelaborar un relato del mundo que nos rodea.

No hablo de una discusión sobre el sistema político o las medidas económicas más eficaces, sobre quién garantiza las mayores pensiones o las mejores prestaciones públicas (que también es necesaria). Hablo de volver a nuestras esencias, de recuperar la solidaridad y la fraternidad como los dos grandes valores con los que construir un relato de la vida y del futuro. Hablo de reconquistar el vacío dejado por la izquierda, para desamparo ideológico de buena parte de las clases medias.

Y nos hace falta también un nuevo relato de la economía. No se trata de la obligada crítica al neoliberalismo o a los especuladores financieros. Nos hemos quedado sin un enfoque social de lo que es la economía. En la tradición de las izquierdas la economía ha tenido siempre un valor social importante; en el pasado con la gestión pública de grandes empresas y sectores estratégicos, la relación entre política y economía estaba clara.

En los últimos años, sin embargo, hemos perdido el sentido político de la economía. Hemos permitido que toda discusión sobre las decisiones económicas se limite a su eficacia y no aborde el modelo social y ético en que se sustentan o las consecuencias que se desprende de ellas. Se ha roto la relación entre la voluntad ciudadana, las decisiones políticas y la economía, que daba coherencia al relato político global.

Tenemos que integrar la economía como un elemento fundamental que da sentido a la configuración del modelo social que defendemos.

Y sé que no es fácil reparar este desaguisado. Durante 30 años han sido tantos los mitos neoliberales que se han aceptado como verdades auto-demostradas, que nos llevará tiempo desmontarlas y crear un nuevo relato de lo que debe ser una economía puesta al servicio de una sociedad, y no al revés. Pero esa es nuestra obligación.

Y junto a ello, debemos afrontar sin miedo algunos debates pendientes sobre los que nos interpela la ciudadanía: qué sistema representativo queremos, qué modelo institucional, cómo mejoramos la calidad de nuestra democracia…

Otro tanto, y con mucha mayor premura y urgencia, hay que decir sobre la construcción europea. La socialdemocracia no tiene en la actualidad una propuesta seria y compartida de modelo institucional para Europa. En estos tiempos en los que los estados nacionales han perdido capacidad para la gobernanza, especialmente en la economía, nos es más necesario que nunca tener un proyecto socialdemócrata europeo. El silencio de los partidos de izquierdas europeos frente a los ataques de los especuladores a los gobiernos de Portugal, Grecia o España ha sido, simplemente, vergonzoso.

En Europa hay millones de personas progresistas que se han quedado sin voz cuando los gobiernos estatales han caído en manos de las derechas. Han dejado de existir y participar en las decisiones más importantes de la crisis. Tenemos que construir un proyecto socialdemócrata en Europa. Y creo que la receta pasa por los tres principios que Jacques Delors propone para la UE: la competencia que estimula, la cooperación que refuerza, y la solidaridad que une. Es un buen programa para nuestros países, frente al “sálvese quien pueda” que ambiciona la derecha.

Creo que sobre estos pilares podemos ir construyendo el PSOE del futuro y recuperar el papel transformador que nunca debimos perder. Como digo, nuestra pelea no está en los nombres o en consensuar un proyecto cerrado e inalterable. Debemos definir nuestros retos de futuro y plantear con ellos una hoja de ruta en la que quepamos todos y todas.

Durante todo el siglo XX la izquierda ha sido una comunidad plural formada por diferentes familias (comunistas, socialdemócratas, distintas corrientes progresistas…) unidas por una misma actitud moral ante el más débil y el que más sufre. Desde la aceptación de esta pluralidad intrínseca, debemos recuperar la ilusión de todas las personas y colectivos que tienen una visión solidaria e idealista de la sociedad.

Debemos volver a ser la casa común de las izquierdas y de la gente progresista. Si lo conseguimos, el resto vendrá solo.

80 comentarios

  1. agustin fdez del castillo suardiaz

    Estimado Lehendakari,

    Deseo mucha suerte al PSOE en el próximo período por delante, ahora en la oposición. Creo que hoy en día hay unos tópicos que la juventud ya pasa cuando los escucha.

    Verá que en Occidente cuando hablamos de recuperar la solidaridad y fraternidad “ para desamparo de las clases medias” ya ni nos acordamos de que existe el tercer mundo.

    Porque en realidad, solo estamos, las derechas e izquierdas, ya concernidas con cuánto nos pesa el trasero, en una sociedad del estar bien. Donde el ciudadano y los 7000 millones que formamos el mundo, solo estamos a lo mío, desde que nos levantamos. Sin interés alguno en participar en la política y en lo colectivo. Y por tanto, dejando esos sapos de lo público, a unos outsiders ( la clase política ), de los que encima, hablamos mal.

    Si yo solo soy albañil de lo mío, ¿qué paredes públicas voy a levantar y estar concernido ? Que usted outsider se ocupa de solucionarme todas aquellas eventualidades, para cuando yo deje de ser solo albañil de lo mío, allá usted, mientras solo me moleste cada cuatro años.

    Reelaborar el relato del mundo que nos rodea como usted sugiere, empieza por primero aterrizar y ver al ciudadano como lo que es. Y ver también al que nos quiere llevar a Marte, como lo que es, un marciano premio nobel de la paz, que deja media parte del mundo a su suerte ( 3r mundo ), metiéndonos en continuas guerras, en las que no podemos dejar de participar y de las que se va, dejando contratos de 8.000 millones de euros o dólares en contratos de venta de armamento, como la diadema de su NOBELATO.

    La complicada situación de Grecia o de España, ha sido la codicia de los ciudadanos, por vivir de las ayudas en un caso y por comprar pisos a granel a unos hijos que no nos los habían pedido y sí un trabajo y la posibilidad de una pensión en el futuro. Hoy inalcanzable, para quien solo encadena ocasionalmente contratos de usar y tirar. ¿Tienen los progresistas un relato distinto? ¿ Cuál ?

    Creo que el día que la izquierda integre la economía, “su derecho a ser un apestoso empresario “, dejará ese caduco discurso que divide al mundo y a las personas, * entre las que se mueven y las que esperan que alguien les mueva el trasero y les garantice su derecho a la apatía y la pereza. Llamando a los primeros neoliberales, fachas, apestosos empresarios que solo nos recortan derechos y todo tipo de lindezas que uno oye …..

    La política, donde uno como usted sabe, siempre está solo, da para mucho. Y los tiempos son eternos. Si lo serán, que hasta el que se atreve a salir del armario y compagina la política y el empresariado, llega a montar un hipódromo a su hijo, echando un pulso al propio apestoso Amancio Ortega, primer empresario del país, ( que se lo montó a su hija en Laracha, la Coruña), con la guinda de que además, su paddock tiene vistas desde los Jerónimos.

    Las declaraciones de la renta de los líderes de izquierdas y las izquierdas desunidas, deberían hacer reflexionar a Uds. . Y atreverse por fin a salir del armario. Para aprender y sacar conclusiones a la vista de que el propio Bono ya ha puesto el listón, simplemente en su sitio; expresando ( de lo que me alegro por él y su capacidad ) de lo que es capaz alguien, que al margen de ideologías, tiene iniciativas y las lleva a cabo.

    Su gestión, al margen de ideologías, nos valdrá para comparar en el mismo período el pufazo que ha dejado el sr. Barreda, que se va a ir de rositas para escarnio de nuestro bolsillo, el de todos. Si la política ha acabado siendo la simple administración de las cosas, como usted se lamenta, Ud. no dejaría entrar en su casa al sr. Barreda y al sr. Camps y otros muchos, que hacen ERES vergonzosos.

    Con Rajoy y Zapatero hemos perdido en lo de las ideas patizambas, 8 años. Porque el que tras dos derrotas, solo espera llegar por fin…. no cabe más que los silencios.

    Y para el que aun no reconoce su propia codicia moviendo el mundo, porque la equivoca con la de unos mercados, que aun no reconoce siendo el mismo, la vida con mayúsculas, nos habrá puesto a Zapatero y no a Bono. Ya que toda la sociedad, tiene aun su asignatura pendiente :

    ¿ QUÉ hago con el calor de mi codicia, entre los chalets de Rumasa y Botín ?

    Nos falta como sociedad, esa altura de miras que Ud. y Basagoiti han demostrado y que hubo durante la transición.. Al tener que esforzarse en visualizar un objetivo común que les situara más allá de sus propias ideas – el final del terrorismo – han sabido caminar juntos en una casa de ideas opuestas; para bien de todo el Pais Vasco, incluida la integración de los propios terroristas. En un mundo necesariamente dinámico y necesariamente inclusivo. Pues los terroristas son simplemente los hijos de todas las terceras copas de las que no nos responsabilizamos, nosotros los adultos y todo ese botellón de millones de personas en España.

    La Europa del siglo 21, necesita ideas inteligentes, que sepan reconducir las ideas partidistas, porque se vean ellas mismas, avanzando en un mundo dinámico e integrado de opuestos.

    No me quiero alargar, pues siempre he creído que las izquierdas en Europa eran todavía los simples tirantes de esa parte del ser humano que solo vive para sí mismo y luego se sorprende de no reconocer todo el calor que en su trasero, solo refleja su propia codicia y su resistencia soltar y vivir en un mundo integrado de verdad.

    No más vuelos planetarios mientras haya hambre y subdesarrollo en el mundo.

    Un saludo y deseo que su juventud y la de la gente joven, dé el relevo generacional del que estamos necesitados.

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