Esta mañana he participado en Madrid en el Forum Europa, donde he empezado agradeciendo a los organizadores del mismo el esfuerzo que han hecho para buscar, y encontrar con rapidez, un hueco a este encuentro que, como saben, tuvo que ser suspendido el pasado 14 de mayo, día en que ETA atentó contra la casa cuartel de Legutiano y asesinó al guardia civil Juan Manuel Piñuel.

Desgraciadamente, Euskadi es a menudo exportadora de malas noticias. Pero quiero decir, al principio de mi intervención, que Euskadi es, sobre todo, un país magnífico, con gente dinámica y emprendedora; un país abierto, plural y diverso que, como otras sociedades modernas y desarrolladas de nuestro entorno, está experimentando profundos cambios y transformaciones que nos exigen, también en lo político, abrir un tiempo nuevo de esperanza y de confianza en el futuro.
Pero, sin duda el primer problema del país, sigue siendo el terrorismo. Los terroristas y esa minoría que aún les apoya han demostrado que sólo conocen un lenguaje: el de las bombas y la destrucción. Y ese lenguaje sólo puede tener por parte de los partidos políticos democráticos una respuesta: la unidad para combatir a ETA con firmeza democrática y con todos los instrumentos del Estado de Derecho: con eficacia policial, con la actuación contundente de la Justicia, con la cooperación internacional, especialmente de Francia, y con la repulsa ciudadana.
Y en este sentido, quiero felicitar a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado por sus últimos éxitos en la lucha contra la organización terrorista ETA, con la detención la semana pasada en Francia de varios de sus dirigentes. Una felicitación que va unida al agradecimiento más sincero por el trabajo diario que realizan en defensa de la libertad, la seguridad y los derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas de Euskadi y del conjunto de España.
En democracia no hay sitio para las bombas y las amenazas. En democracia quienes amparan y justifican la violencia están deslegitimados para hacer política. Para estar en las instituciones democráticas, hay que rebelarse contra el crimen y el asesinato y proclamar, fuerte y claro, que nadie tiene derecho a empuñar un arma contra su vecino. Que nadie tiene derecho a atentar contra la vida de un semejante. Que nadie tiene derecho a acallar la voz del diferente.
Los Socialistas Vascos hemos mantenido siempre y vamos a seguir manteniendo el compromiso con la paz y la palabra, para decirle a ETA que, por mucho que nos amenace, nos persiga y nos ataque, no va a acallar nunca la voz del Socialismo Vasco. Al contrario. Nuestra voz sonará cada vez más fuerte hasta hacerse un grito que se unirá al clamor de una sociedad que, de forma inmensamente mayoritaria, quiere la paz y desprecia profundamente a los terroristas.
ETA, ajena a este clamor, ha decidido seguir con su delirio de muerte y destrucción. Pero es un camino que sabe ya que no le llevará a ninguna parte porque, aunque aún pueda hacernos daño, la banda terrorista sólo tiene un destino (y lo sabe): desaparecer. Nada de lo que ETA diga o haga podrá doblegar la firme voluntad de la sociedad vasca de vivir en paz y en libertad. Nada de lo que los terroristas digan o hagan impedirá que el Estado de Derecho los combata con todos los instrumentos que tiene a su alcance. ETA es un delirio, pero es un delirio en fase terminal.
Y quienes apoyan y justifican sus acciones, quienes son incapaces de condenar el asesinato del adversario político y quienes buscan en el denominado ‘conflicto vasco’ argumentos para justificar lo injustificable, saben también que en democracia no tienen cabida porque en democracia no caben medias tintas: o se está con los demócratas en defensa de la vida y de la libertad, o se está con los asesinos y con quienes amparan y justifican la violencia terrorista.
Y precisamente por eso, los que hacemos política en Euskadi tenemos que tener muy claro que “vincular la consecución de la paz a la conquista de un nuevo estatus político es pervertir las reglas del juego democrático”. Y estas son palabras de Maixabel Lasa, directora de Atención a las Víctimas del Gobierno Vasco, que pronunció en el homenaje que celebramos recientemente a las víctimas del terrorismo en el Kursaal de San Sebastián.
Esto los Socialistas Vascos lo tenemos muy claro. En el pasado hemos apostado fuerte, en medio de la incomprensión de algunos, por ver el final de ETA y del terrorismo en el Proceso de Paz. Y estamos convencidos, yo estoy convencido, de que ese final está hoy más próximo que nunca.
No nos resignamos, porque no estamos en la política sólo para resistir los embates del terrorismo. Nuestro objetivo es cambiar las cosas, ver el final de la violencia en Euskadi y no pararemos hasta conseguirlo.
Pero hoy quiero hablarles, sobre todo, del nuevo tiempo político que se está abriendo paso en el País Vasco. Un nuevo tiempo protagonizado por una nueva mayoría que, y permítanme que lo diga, ha puesto en el Partido Socialista de Euskadi sus esperanzas de cambio.
Por esta tribuna han pasado otros dirigentes políticos vascos que han hecho aquí su análisis de lo ocurrido en Euskadi en las elecciones del pasado 9 de marzo. Me permitirán que yo haga también el mío, pero les diré antes de nada que el éxito electoral que los Socialistas Vascos obtuvimos no se nos ha subido a la cabeza. De borracheras electorales, (como dicen algunos dirigentes del PNV), nada de nada. Al contrario, los Socialistas estamos más serenos y más responsabilizados que nunca.
Es verdad que el apoyo recibido de 430.000 hombres y mujeres, de un 38% de los electores vascos, es histórico. Pero no es algo meramente coyuntural, porque en la política vasca existe una corriente de fondo, que se viene manifestando desde hace tiempo y que apunta una tendencia bien distinta a la que habíamos conocido hasta ahora.
Desde las Municipales del 2003, el Partido Socialista avanza en Euskadi elección tras elección, mientras que el PNV retrocede. Hay una tendencia clara, constante y mantenida en el tiempo, de ascenso del Partido Socialista y de descenso del PNV, que nos lleva a afirmar que se está produciendo un verdadero cambio en el electorado vasco.
Para situar, brevemente, las cosas en perspectiva, quiero recordarles que ya en las Elecciones Autonómicas de 2005, el Partido Socialista consiguió cinco escaños más en el Parlamento Vasco, mientras que las demás fuerzas cedían terreno. Y que en las Elecciones Municipales y Forales de 2007, los Socialistas subimos en toda Euskadi de forma homogénea, ganando al PNV en Gipuzkoa y en Álava. Y como consecuencia de aquellos comicios, hoy gobernamos en dos de las tres capitales vascas, en San Sebastián y en Vitoria, y en siete de los diez municipios con mayor población.
Y el pasado 9 de marzo los socialistas volvimos a crecer en toda Euskadi, también de forma homogénea, tanto en los tres territorios, como en las tres capitales, con una victoria espectacular en Bizkaia y en Bilbao, feudos tradicionales del PNV. Todo esto, como digo, confirma a nuestro juicio que existe una corriente de fondo que apunta a que la ciudadanía vasca quiere cerrar un ciclo y quiere abrir la puerta a un nuevo liderazgo para un nuevo tiempo político en Euskadi.
Una nueva mayoría de vascos y vascas ha apoyado un proyecto que apuesta por la paz y la libertad, por la convivencia y por el acuerdo entre diferentes para que Euskadi avance como país y como sociedad. Y al mismo tiempo esa mayoría ha dado la espalda a los planes que enfrentan y dividen a la sociedad vasca, a las ‘hojas de ruta’ que no llevan a ninguna parte más que a la división y a las propuestas que no van más allá que volver a la política de bloques enfrentados permanentemente.
Para los Socialistas es evidente que en las pasadas elecciones la ciudadanía vasca nos ha lanzando a los políticos un mensaje muy claro: el futuro de Euskadi tenemos que construirlo entre todos y no unos contra otros.
El futuro de Euskadi hay que construirlo atendiendo, en primer lugar, a los problemas reales de los ciudadanos y no a las ensoñaciones particulares de algunos dirigentes políticos. Buscando la suma, la inclusión y la cohesión del conjunto de la sociedad vasca, y no la división ni la exclusión de una buena parte de ella.
Ésta es la lectura, ya les digo que muy serena, que los Socialistas Vascos hacemos de lo ocurrido el pasado 9 de marzo. Y lo que ahora nos toca a todos es obrar en consecuencia. Nuestra disposición para el diálogo y el entendimiento con otros partidos democráticos es total y absoluta. Lo puedo decir más alto, pero no más claro. Diálogo y entendimiento sobre bases sólidas, para perfeccionar lo que ya tenemos y contribuir desde la política al progreso del país y al bienestar de sus ciudadanos.
Este no es el tiempo de amenazar con choques de locomotoras, ni con pulsos para ganar a nadie, ni con conflictos históricos. No es volver a la confrontación permanente lo que quiere la sociedad vasca. La sociedad vasca quiere diálogo y entendimiento. Quiere un Gobierno que dé tranquilidad, seguridad y confianza. Quiere un Gobierno que gobierne y que dé respuestas a los problemas de los ciudadanos y ciudadanas. No un Gobierno que cree problemas donde no los hay.
En Euskadi quienes nos gobiernan se pasan el día buscando por el mundo ejemplos para resolver nuestros problemas. Se han ido de Irlanda a Québec, de Montenegro, a Kosovo, y últimamente del Tíbet a una región del altiplano boliviano donde una consulta ha acabado con decenas de heridos, para decirnos que su situación es similar a la nuestra.
Son comparaciones totalmente absurdas que demuestran lo incomprensible de que algunos se dediquen a buscar por el mundo las soluciones que tenemos en casa. Porque es en Euskadi, donde los vascos tenemos el mejor ejemplo para resolver nuestros problemas:
El pacto entre diferentes que, no sólo es posible, sino que es absolutamente necesario. Y lo que fue posible en el pasado, lo es en el presente y lo será en el futuro.
Los vascos no estamos incapacitados para el acuerdo, como algunos nos quieren hacer creer de forma irresponsable. Al revés, el pacto entre diferentes es una de nuestras mejores señas de identidad.
- Nos pusimos de acuerdo para constituir el Consejo General Vasco, que marcó el inicio de nuestro autogobierno tras la dictadura, bajo la presidencia de un Lehendakari Socialista: Ramón Rubial.
- Nos pusimos de acuerdo para elaborar, negociar y sacar adelante el Estatuto de Autonomía de Gernika.
- Nos pusimos de acuerdo cuando socialistas y nacionalistas formamos Gobiernos de coalición.
- Nos pusimos de acuerdo para luchar contra el terrorismo y hacer posible la normalización del país, a través del Pacto de Ajuria Enea.
- Nos pusimos de acuerdo para crear Osakidetza, el Servicio Vasco de Salud, y para alcanzar el Pacto Escolar, que fue la base de nuestro actual sistema educativo.
- Nos pusimos de acuerdo para hacer el metro de Bilbao o el Museo Guggenheim, y ahora también para afrontar el reto apasionante de la alta velocidad ferroviaria o la apuesta decidida por la ciencia, la tecnología y la innovación.
Nos pusimos de acuerdo, en fin, para construir lo mejor de Euskadi; para sacar adelante el país prospero y plural que hoy tenemos. Un sitio en el que merece la pena vivir.
Por tanto, el pacto y el acuerdo entre diferentes ha sido la norma en la historia de nuestro autogobierno, mientras que el desencuentro ha sido la excepción. Una triste y prolongada excepción que estamos viviendo desde hace ya demasiados años.
Y yo quiero salir de ese período de excepción, para volver a la Euskadi de siempre: a la Euskadi que avanza mediante el diálogo y el entendimiento. La Euskadi del consenso político.
La Euskadi que en el pasado hicieron posible hombres como Indalecio Prieto y José Antonio Aguirre. Como Ramón Rubial y Juan de Ajuriaguerra. Como José Antonio Ardanza y Txiki Benegas o Ramón Jáuregui. Y estoy convencido de que, siguiendo esos ejemplos, seremos capaces de llegar a un gran acuerdo para nuestro futuro.
Los Socialistas no nos resignamos a que la sociedad vasca siga por más tiempo estancada en el callejón sin salida al que la han conducido algunos con una política obtusa e irresponsable, impulsada sólo por sus obsesiones y no por el interés general.
No nos resignamos a que se intente, desde un falso victimismo, jugar a la confrontación permanente para volver a los tiempos de los bloques enfrentados y a la política hecha desde las trincheras, de la que algunos quieren sacar beneficios electorales.
No nos resignamos a que se nos quiera sumir en un conflicto permanente, (se llame Lizarra, plan Ibarretxe o ‘hoja de ruta’), que algunos generan artificialmente para luego presentarse como la única solución posible.
No nos resignamos, yo no me resigno, a que el raca – raca de Ibarretxe sea la única melodía que escuchemos los ciudadanos cada mañana.
No me resigno porque hay otro camino, más ancho, por el que podemos discurrir todos, para dar respuestas a las necesidades del país y desde luego no pasan por amenazar con choques de locomotoras, sino por tener voluntad política para el diálogo y el entendimiento.
Y eso es lo que yo me propongo recuperar: el acuerdo y el entendimiento entre diferentes para definir juntos el futuro de Euskadi. Mi mano estará permanente-mente tendida para el diálogo y el acuerdo con todos los partidos democráticos vascos. Siempre estaré dispuesto a sentarme con ellos para hacer posible ese pacto.
Y para hacer lo que hay que hacer, no se necesita una consulta en la que se pregunte a la ciudadanía si está harta de ETA y si quiere que los partidos vascos nos pongamos de acuerdo. Para eso no hace falta ninguna consulta. Cualquier político responsable en Euskadi debiera tener clara la respuesta. Yo, desde luego, la tengo absolutamente clara y me parece ridículo que todavía haya quien tenga que preguntar estas cosas.
Lo que hace falta en Euskadi es tener las cosas claras, empezando por dos que son de sentido común. La primera, que el futuro de un país se construye a partir de lo que se tiene, con la mirada en el horizonte, pero con los pies en el suelo. Y el suelo que hoy pisamos los vascos, nuestras reglas de juego, están contenidas en la Constitución y el Estatuto.
El Estatuto de Gernika, no es un mero listado de transferencias, como algunos ahora, para devaluarlo, nos quiere hacer creer. El Estatuto es el marco político que nos da una capacidad de autogobierno enorme, (como posiblemente no exista en ninguna otra comunidad autogobernada del mundo). Pero es a la vez nuestro marco de convivencia que respeta ideas y sentimientos. Y, sobre todo, es un triple pacto: entre vascos, entre los territorios que componen el País Vasco y entre los vascos y el resto de los españoles.
Por eso, los socialistas solemos decir que el Estatuto de Gernika tiene cuerpo de Ley y alma de pacto. Y hay que tenerlo en cuenta porque, precisamente, gracias a él, los vascos podemos hoy discutir cuál es el mejor futuro para nosotros y para las generaciones venideras.
Y la segunda cosa a tener en cuenta, que me parece igual de obvia, es ser conscientes de que arreglar nuestros problemas de convivencia o mejorar nuestro autogobierno es una obligación nuestra, de los que representamos a la sociedad vasca. No echemos la culpa de no haber cumplido con nuestra responsabilidad ni al presidente Zapatero, ni al Gobierno central de turno. El martes pasado no hubo portazo a Ibarretxe en la Moncloa. Hubo sentido común cuando el Presiden-te pidió al Lehendakari que lo primero que tenía que conseguir era un acuerdo en Euskadi que represente a una amplia mayoría de la sociedad vasca.
Somos nosotros, los partidos vascos, los que representamos a la sociedad vasca, los que tenemos que sentarnos a discutir y a resolver los asuntos que nos afectan. Y cuando alcancemos ese acuerdo, lo aprobemos en el Parlamento Vasco y vengamos todos juntos a defenderlo en Cortes Generales, será el momento de someterlo a referéndum para que lo apruebe la ciudadanía. Y con esto no estoy inventando nada. Simplemente estoy diciendo que sigamos los pasos que el propio Estatuto de Gernika nos marca para su reforma.
En Euskadi, hemos perdido demasiado tiempo en debates estériles, pero yo estoy dispuesto a mirar al futuro y a dar una oportunidad al diálogo. No le pido a nadie que renuncie a sus planteamientos. Que los lleven a la mesa de diálogo y los debatiremos. Si unos quieren hablar de derecho a decidir, yo hablaré de libertad para decidir (porque en Euskadi no todos somos libres e iguales mientras exista la amenaza de la violencia) y de derecho a convivir.
Si unos dicen identidad y proponen un debate identitario para dividir, clasificar y enfrentar a unos vascos con otros, yo diré ciudadanía, para unirnos y hacernos iguales. Donde unos quieren entenderse sólo con los suyos, yo buscaré el acuerdo entre diferentes para hacer país. Donde unos plantean levantar fronteras, yo quiero tender puentes. Si unos quieren cavar trincheras, yo quiero acabar con los frentes.
Si unos hablan de Loiola (pervirtiendo y manipulando groseramente un intento noble de conseguir la Paz para utilizarlo en su beneficio particular) yo hablaré de Gernika y de Ajuria Enea, de autogobierno y de unidad democrática para conseguir la Paz y la Libertad.
Yo quiero el acuerdo en Euskadi que es, como decía antes, donde el diálogo entre partidos sigue pendiente. Un diálogo tan necesario que si el señor Ibarretxe, como parece, se mantiene en sus trece (es decir, negociación exclusiva con Zapatero, o me das lo que quiero o conflicto), tendremos que pensar (lo piensa ya mucha gente) que realmente no busca el acuerdo sino la confrontación.
Tendremos que pensar que no busca el acuerdo sino escenificar, con fines electorales, el choque de trenes y el pulso con el Estado del que nos hablan ya algunos dirigentes de su partido.
Y la sociedad vasca, repito, no quiere nada de eso. Por eso yo me he comprometido a que si Ibarretxe no lo hace, lo primero que haré como Lehendakari será convocar a todos los partidos democráticos para buscar un acuerdo para definir nuestro país, para profundizar en el autogobierno y, sobre todo, para consolidar la convivencia desde el respeto a las ideas plurales y los sentimientos diversos que existen en nuestra sociedad.
Yo me comprometo a tener un Gobierno Vasco que dé estabilidad, seguridad y confianza. Un gobierno que lidere al país, que dé respuestas y soluciones a los problemas reales de los ciudadanos y ciudadanas. Que es justo lo que hoy no tenemos.
Lo que tenemos es un gobierno caducado, sin ideas, sin proyecto de país y sin liderazgo. Las divergencias en el seno del gobierno, por un lado, y las fracturas in-ternas en cada uno de los tres socios que lo forman, por otro, han dejado a Euskadi huérfana de dirección política.
Hoy no sabemos bien quién gobierna el país. Ni siquiera si alguien lo gobierna o funciona por inercia. Ibarretxe (que se molesta mucho cuando digo esto, pero es la sensación que tienen cada vez más ciudadanos y ciudadanas en Euskadi) solo está para el monotema. Para el raca-raca de la consulta y la hoja de ruta.
Para todo lo demás está desaparecido. Apagado o fuera de cobertura en todos y cada uno de los grandes temas que los vascos tenemos sobre la mesa: la moción de censura en Arrasate-Mondragón, la reforma educativa que sus socios de EA quieren hacer sin consenso vía decretazo, la desaceleración económica, la siniestralidad laboral, el desfalco que hemos conocido en el museo Guggenheim, la desmotivación de los profesionales de la sanidad pública, la falta de diálogo social… Podría seguir poniendo un largo etcétera lleno de las ausencias de un Lehendakari que no ha dicho ni una sola palabra de todo esto. Y la pregunta es, ¿dónde está cuando el país necesita respuestas?
Pues, ante esta situación, hemos sido los Socialistas Vascos, aun estando en la oposición, los que hemos tenido que asumir la responsabilidad del país. Y creo que no exagero si digo que, sin nuestro concurso, esta legislatura en Euskadi habría sido una legislatura perdida.
Porque hemos hecho una oposición constructiva. Hemos estado en todos los acuerdos importantes para el desarrollo del país y para el bienestar de su gente: en los acuerdos para aprobar presupuestos, para sacar adelante leyes como la del Suelo o la del Agua, para dar un gran impulso al Tren de Alta Velocidad, para mejorar la financiación municipal, para llegar a un gran pacto social, para consensuar un ambicioso Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación, para defender apuestas estratégicas como la fuente europea de neutrones, …
En definitiva, mientras los que tienen responsabilidades de gobierno se dedican sólo a lo suyo, los socialistas hemos hecho los deberes desde la oposición y hemos estado en todos y cada uno de los consensos necesarios para que el país avance en el día a día, aportando la seguridad y la confianza que la ciudadanía vasca nos está reclamando para afrontar los retos del futuro y garantizar nuestro bienestar.
Y eso es lo que está hoy en juego en la política vasca: mantener lo mucho que tenemos, lo mucho que hemos construido juntos, trabajar para mejorarlo y para avanzar, o ir al choque de legitimidades que algunos irresponsables, dando alas a sus obsesiones particulares, quieren provocar.
Los Socialistas Vascos tenemos muy clara nuestra posición y la ciudadanía vasca sabe que puede contar con nosotros para iniciar un nuevo tiempo. Estamos preparados, estamos unidos, con ganas y con ilusión para liderar un nuevo Gobierno que nos represente a todos. Un Gobierno del que todos podamos sentirnos orgullosos.
No tenemos por delante mejor tarea que recomponer la unidad de la sociedad vasca. Y esta tarea no vamos a hacerla nosotros solos. Vamos a hacerla contando con mucha más gente. Con mucha gente que hoy en Euskadi está de acuerdo en las cosas básicas, en las más urgentes que tenemos que abordar.
Con mucha gente que defiende la libertad. Mucha gente que quiere que la igual-dad de oportunidades de todos sea real. Mucha gente que quiere terminar de una vez por todas con la violencia terrorista. Mucha gente que quiere que la sociedad vasca esté unida y sea solidaria.
En Euskadi hay mucha gente que quiere un Gobierno Vasco que hable claro, que lidere el país con tranquilidad, con seguridad y confianza. Muchas personas que están convencidas de que en nuestro país no sobra nadie más que los violentos. Muchas personas dispuestas a luchar para que el país progrese, para que vivamos mejor. Para que vivamos mejor todos y no solo algunos.
Queremos que toda esa gente sepa que los Socialistas Vascos, y yo mismo, estamos de acuerdo con ellos y que nos tienen a su disposición para poner las bases de un nuevo gobierno que no excluya a nadie.
Porque cada día que pasa se hace más patente que lo que Euskadi necesita no es un cambio de marco político, sino un cambio de gobierno. Después de muchos años de gobierno de los mismos, Euskadi necesita practicar el sano ejercicio de la alternancia democrática.
Una alternancia tranquila, sin revanchismos ni ajustes de cuentas. Para gobernar para todos, no para pasar facturas. Para superar el viejo debate de las identidades enfrentadas y para centrarnos en el bienestar y la calidad de vida de nuestros ciudadanos. Para contribuir a hacer un país solvente y con futuro, en el que la convivencia se defina por el respeto a la diversidad y no por la confrontación.
Yo confío plenamente en la sociedad vasca. Estoy seguro de que Euskadi tiene un gran futuro porque en sus hombres y mujeres hay más sentido común y más visión de la realidad de lo que podrían pensar quienes prefieren que todo siga igual y que los vascos sigamos entrampados en los mismos debates del pasado.
Yo estoy convencido de que podemos hacerlo, que podemos darnos una oportunidad como país y como sociedad y por eso quiero acabar mi intervención con un mensaje de esperanza. Nuestro futuro no está en el choque de trenes ni en los conflictos que algunos nos anuncian. El diálogo y el acuerdo que fueron posibles en el pasado serán posibles en el futuro. Euskadi vamos a sacarla adelante entre todos, no unos contra otros. Se lo debemos a los que dieron todo para traernos hasta aquí, a las víctimas de ETA, a los que, todos los días, en las peores circunstancias dan la cara y ponen el interés de todos, la libertad de todos y el bienestar de todos, por encima de su propia libertad; y se lo debemos, más que a nadie, a las generaciones futuras.









Querido Patxi:
Sólo cuatro letras para decirte que si no fueras tan descastao y repasaras de vez en cuando el Evangelio según Saramago, sabrías que “ni Dios los entiende y eso que los ha creado”. A ver si no como te explicas la conversión del Urkullu, lo del Urkullu es pa’mear y no echar gota, y es que ahora resulta y eso dicen los papeles, quen ahora resulta que es que eres un Copión, Patxi, y tu Eusko-Proyecto un plagio, un calco, una pantomima y una poca verguenza del Ibarretxe II, y que así no vamos a ninguna parte, que tu claro, como además de españolazo eres un enchufao y un pelota de Zapatero (ayer estuvo en La Serena Country, un crak el ZP), pues que Referendum uno y los que hagan falta. Pero es que ahí no queda la cosa, y es que el Iñigo es otro crak (si fuera futbolista a la Eurocopa con la Roja a Españolear, seguro), lo tiene claro Patxi, el PCTV ó como se diga, va a sudar tinta para votar SI al Plan Ibarretxe II, y es que la letra con sangre entra y dónde va a parar lo que se consigue con esfuerzo a no dar un palo al agua, la pregunta va a ser por un ejemplo mal puesto:”¿Quiere usted que la Real gane la Liga?”, y esto en la puerta de San Mamés. En Anoeta otra pregunta, “¿Quiere usted que la Real baje a Segunda?”, y así sucesivamente, una serie de gilipolleces para confundir a los “comunistas” que son los que tiene la llave de la puerta. El caso es que salga el NO, o sea, otra gilipollez, como cuando lo de “OTAN, de entrada, NO”, que tu te acordarás, pero de esto no vamos a hablar, porque es tirar piedras a nuestro tejao y ademas nadie se va a enterar porque este blog no lo lee nadie. El caso es que son conmovedores Patxi, no sé como no les dejas ganar las próximas, ya sé, ya sé, que quieres gobernar tu Country, yo lo decía por la cantidad de “subsidiaos” que se van quedar en el paro, es que no tienes corazón Patxi.
Y ya que estamos, un cotilleo, que me ha dicho la señora de la limpieza de “Sabin Etxea”, que el Tito Arzalluz que va a decir si es como un hijo para el, pero que en los gayumbos del Aguirre, hay más palominos que en los palos de un gallinero, o sea, que la cosa está que hiede, Patxi creételo, que en esa casa tengo yo más mano que tú.
Hala, quedar con Dios,
Escrito por DESDE LA SERENA el 26 de Mayo de 2008