Los habitantes de Sherwood

Hayedo. Niebla.

Salgo ahora de la presentación de “El Síndrome Katrina” de Joaquín Santos, un libro atractivo, provocador desde el título, y que parte de una premisa interesante: vivimos en una sociedad cada vez más desigual, con cada vez mayores brechas sociales, pero, sin embargo, es éste un asunto que no percibimos como problema. Que ha desaparecido del debate público.

Es esto lo que trata de analizar Joaquín (el por qué de esta ceguera ante la desigualdad social) y es aquí donde entra “El síndrome Katrina” que da título al libro y que está marcado por dos factores:

• el sentimiento de miedo que impregna a la ciudadanía. Miedo a la crisis, miedo a ser despedido, miedo a no llegar a final de mes…

• y ese relato que la derecha neoliberal está metiendo con calzador en el discurso público, que justifica la desigualdad, que nos dice que no hay alternativa a los recortes y, lo que es peor, que la culpa es de la víctimas.

Suena terrible, pero es así.

Hemos atendido a bancos y a banqueros (a los que hemos dado más de 40.000 millones de dinero público para sanear sus cuentas mal gestionadas) y hemos desatendido a los ciudadanos y ciudadanas (a los que sólo hemos repartido las cargas de las consecuencias de la crisis como si ellos hubieran sido los responsables de la misma).

El propio presidente Rajoy nos dijo, hace poco, que no hay indicadores sobre desigualdad. ¿Cómo se puede estar tan ciego ante la realidad?

Ahí tenemos el reciente, y demoledor, informe de Intermon Oxfam sobre la desigualdad y que ha arrojado algunos datos terribles:

  • España es el segundo país más desigual de Europa, por detrás de Letonia.
  • Los 20 españoles más ricos tienen la misma renta que el 20% de la población más pobre.
  • Y las previsiones son que la brecha siga aumentando en el futuro.

Pero es que, además, vivimos en un país con:

  • Casi 5 millones de parados.
  • Casi 2 millones de familias tienen a todos sus miembros en paro.
  • Según Caritas, 1 de cada 5 personas vive por debajo del umbral de la pobreza.
  • Donde los salarios de los trabajadores han bajado una media del 10% desde la aplicación de la Reforma Laboral, mientras que el de los directivos ha aumentado un 6% de media.
  • Un país en el que ha aumentado el número de millonarios. En el último año de crisis, 47.000 personas han alcanzado la condición de millonarios en España.

Es decir, nuestros pobres cada vez son más pobres y cada vez hay más; mientras los ricos, también lo son más.

Por tanto, ¿cómo puede decir Rajoy que no hay indicadores de desigualdad? Sólo tiene que salir del despacho y cruzar la calle para chocarse contra ellos.

Cada parado, cada jubilado que con su pensión ha vuelto a hacerse cargo de su familia, cada persona desahuciada, cada trabajador temporal… es un indicador de esa desigualdad que Rajoy no quiere ver.

Lo decía Krugman hace unas semanas: la desigualdad es el gran desafío que caracteriza a nuestra era.

Pero no nos podemos quedar en el lamento. Estamos en Política para ofrecer soluciones. Y creo que desde la Política tenemos la capacidad de tomar decisiones que ayuden a redistribuir la riqueza y garantizar iguales oportunidades al conjunto de los ciudadanía. ¿Cómo?

  • Con unos servicios públicos universales y de calidad.
  • Con una fiscalidad más justa y progresiva: No hay sociedad justa sin una fiscalidad justa. Y la fiscalidad que tenemos hoy en España no es justa. En Euskadi tampoco y por eso, gracias al impulso de los Socialistas, estamos empezando a cambiarla.
  • Y con políticas de crecimiento, que ayuden a nuestra economía productiva a ser competitiva.

Son éstos los ejes sobre los que se puede crear una política de igualdad y de redistribución de la riqueza.

Son éstas, las cuestiones que han guiado la política de los Socialistas Vascos, tanto cuando estábamos en el Gobierno, como ahora en la oposición.

Y son éstas las recetas que ayer se echaron en falta, que no se escucharon, en ese Foro Global que tuvimos en Bilbao y que nos trajo a todos los prohombres y promujeres de la economía mundial.

Cuando uno escucha a Christine Lagarde, a De Guindos y a otros tantos, hablar de “profundizar en las reformas ya iniciadas”, de “seguir el rumbo marcado”… se echa a temblar, porque pretenden insistir y seguir imponiéndonos el camino de la austeridad expansiva y no del crecimiento.

Pretenden seguir atendiendo sólo los intereses de los mercados y no los de las personas.

Pretenden seguir aplicando las recetas que han provocado el mayor deterioro social de la historia de Europa.

Y la respuesta no pasa por quemar contenedores y romper escaparates, como lamentablemente también vimos ayer, sino por plantear alternativas y romper (democráticamente) con las políticas que dinamitan la igualdad y abandonan en la miseria a miles de ciudadanos.

Está bien que haya quien se sienta absolutamente satisfecho porque algunos datos macroeconómicos empiecen a mejorar (yo me alegro de ello). Pero, desde luego estoy absolutamente insatisfecho, de lo que tratan de ocultar con esos datos.

Porque ocultan la realidad. Ocultan la vida de esos habitantes del bosque de Sherwood, a los que Joaquín dedica el libro, en una imagen evocadora que, de alguna forma, resume muy bien el sentido de este libro, la apelación a esos miles de ciudadanos, apartados hoy de las grandes políticas.

Foto: Argazki. Gobierno Vasco.

2014-03-04T21:54:51+00:00 04/03/2014|Blog|0 Comments

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